Fue al oír el trueno: me asomé a la ventana y vi una cabalgata de horror. Esqueletos fosforescentes, galopaban sobres potros blancos que parecían indómitos y en sus violentas corcovas intentaban desprenderse de tan diabólicos jinetes, que después de las sacudidas de esos animales tan extraños con cabezas de ciervos, caían al suelo y se desarmaban. Veía que las manos huían desesperadas arrastrando en su carrera los radios y húmeros que levantaban una tierra brillante que se me pegaba en el rostro y hacía arder la piel. Por otro lado, los pies con tibias y fémures trataban de escaparse de ese horror y las columnas vertebrales unidas a las pelvis reptaban tratando de fugar del espanto. Mientras los cráneos rodaban desorientados acumulándose al pie del cerro. un arroyuelo verde serpenteaba, entre aguas turbias bordeado por árboles secos de color violeta. Inmerso en ese extraño aquelarre quería huir, pero las piernas no respondían a mis deseos. Me sentía atraído por una fuerza irresistible a ese escenario dantesco y horroroso quedando inmovilizado ante toda pretensión de escape. En determinado momento, percibí que me oprimían con vigor el pecho tanto que era imposible respirar. Trataba de liberarme pero mis manos estaban inmóviles. De pronto sentí un fuerte golpe en la frente y que algo me apretaba el ojo derecho intentando reventarlo. Di un manotón y recobre el dominio de mi cuerpo. Al abrir los ojos, me encontré tirado en el suelo al lado de la cama, con un corte en la frente de donde manaba abundante sangre. Luego, arrastrándome por el piso logré liberarme del borde del zapato que estaba incrustado en el ojo. Al incorporarme, descubrí que en el pecho, tenía abrazada una botella del Ponche Capitán de la Bastilla, que tan ingeniosamente publicitó la destilería y no pude resistir de comprarlo en mi último paso por el supermercado. El próximo viernes, cuando tenga la reunión de alcohólicos anónimos, con seguridad compartiré con ellos esta extraña experiencia. Enfermedad que tuvo consecuencias tan trágicas como fue perder la casa y el taxi, sumiendo a mi familia en la desesperación de vivir todos en una pieza, en el inquilinato de barrio observatorio. He jurado no beber más y tratar de recuperar lo perdido. Sólo Dios dará respuesta a mis anhelos, espero que así sea. r lo perdido. Sólo Dios dará respuesta a mis anhelos, espero que así sea.