Una luz en el camino me sorprendió, menos mal que frené de repente, porque al encender las luces, vi que no eran pingüinos, sino un montón de gente sentada a la vera del camino cerca de ese pueblito por los pagos de Chubut, llegando a puerto Madryn.
Al ver que eran mujeres, creí que podían necesitar algún tipo de ayuda, estacioné mas adelante y me volví a preguntarles si necesitaban algo.
Vi sobre un carrito parecido a una cureña, un pequeño cajón con un gran corazón de rosas escarlata. y en el medio un par de alpargatas tejidas. Volví a insistir sobre si necesitaban algo y una de las mujeres con ojeras profundas y ojos llorosos me gritó;”Si, que vuelva a la vida el Yayo”, quedé sorprendido por la respuesta y pregunte que pasó?”: fue acaso un accidente?. En ese instante se abalanzaron sobre el féretro cinco mujeres del cortejo y comenzaron a mordisquear el cajón arrancando partes del lustre, yo curioso por la escena seguí inquiriendo el porqué de tanto dolor. La que parecía comandar el grupo me dijo: “y ahora qué haremos, si nuestros maridos se lo pasan trabajando dos turnos diarios en la refinería de Pétroleo; y los sábados y domingos hacen piquetes reclamando mejores salarios, pero la insensibilidad de la empresa no se modifica. Ahora estamos abandonadas del todo y no sabemos que hacer. Otra del grupo saltó a los gritos:”se los venía diciendo en la peluquería, aflojen un poco, que esto termina mal”.Yo, cada vez mas intrigado pregunté: ¿Como murió?, una, con llantos entrecortados me respondió “se agotó” -como no oí bien dije, si se ahorcó porque se suicidó?y otra empezó a los gritos diciendo: No, no se ahorco, sino que se agotó, de agotarse, se quedó sin nada. Este pueblo ya no será lo mismo sin él. Ahora lo llevamos a que descanse en la meseta que está frente a punta Tombo cerca de la pingüinera, que era su lugar preferido, donde siempre iba a jugar con sus hermanos, según solía contarnos.
Subí a mi coche y continué el camino, cuando caí en la cuenta sobre: ¿porqué ese cajón tan cortito y ese par de alpargatas tejidas al croché? , que estaba sobre el corazón de rosas escarlata. Es ahí, cuando empezó a retumbar en mi cabeza las estrofas de una chacarera santiagueña, que dice:”Viuditas y solteronas, ya no cierran las ventanas, esperando la visita de algún petizo fantasma. Al llegar a Madryn recién comprendí que había muerto el pata´ e lana más querido de la Patagonia.