Me doliò ver el àguila llevar el corderito en el pico.Era tal el pedo que tenìa,que ya veìa cualquier cosa.A pesar que el dotor,me habìa recomendau darle menos a la giniebra,porque algùn dìa terminarìa matàndome..Pero yo fiel a mi condiciòn de macho corajudo seguì chupando d’esa botella cuadrada.
Por eso al ver el àguila con el cordero,no me llamò la atenciòn y la dejè pasar.Empecè a preocuparme,cuando vi pasar otra màs,con un tern ero.Ahì nomàs apurè el paso pa’ regresar al rancho,no vaya ser que estos vichos nos dejen sin ganau.
Comoi la giniebra estaba haciendo estragos en mi cuerpo,me enredè en las bombachas y me jui al suelo,cayensentau en una viscachera.Metì la mano p’a ver si manoteaba un peludo,cacè una cola y la arrastrè p’a juera.Era un gato montes que se habìa refujiau por mis gritos a las àguilas y me araññò la geta,por lo que terminè revolìàndolo por los aires.
Cuando lleguè al rancho,la patrona empezò a los gritos:”otra vez con las chinitas del boliche,sotreta.Yo tratè de explicarle que las àguilas nos estaban robasndo el ganaopero ella siguiò insistiendo con las mocitas ‘el boliche.Desde ese dìa,no me preocupo màs por el robo de hacienda que nos hacen las àguilas.
Total nunca habra forma pa’ conformar a las mujeres.
Muy buena recreación de esa atmósfera pueblerina y de vida de campo! y creo que el personaje, en mi opinión, quizás por el lenguaje, es consistente.
Cariños Rodolfo!!