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La Carmela

carmelaHuesitos de cristal tiene mi abuela, camina por el sendero de baldosas grises; huesitos de azúcar tiene, va lento, con paso inseguro; huesitos de sal tiene la vieja, sigue hasta cruzar el umbral de sombras que se turnan; huesitos de manteca soportan a la nona de tantos nietos. Renguea y no se rinde, porque la ropa en la soga la espera. Su cuerpo encogido siente el frío azul y se enreda en sus chinelas para ya no parar hasta el tropezón. El encapuchado se desvanece, huye espeluznado.

Huesitos de cemento tiene la Carmela…

Daniela Frontera.

 Sobre el tango María(A.Trilo y C.Castillo)

Cuando siento cómo te quejas de la imagen triste que te devuelve el espejo y recuerdas qué grande ha quedado el cuarto desde que no estoy y rememoras sobre el sombrerito pobre y el tapado marrón que fue lo único que salvé del remate cuando nos desalojaron de la pensión. Y te preguntas por “el horizonte triste de no haber nada entre los dos”  y sufres en esa tarde gris recordándome, no me queda otra cosa que decirte. Debes pagar tu infidelidad con la hija de la dueña de la pensión, esa veintiañera crespa y teñida con agua oxigenada, que te deslumbró el mismo día que me habías dicho, que era el eco de una vieja canción. Sueñas con el paso que me aleja   en la penumbra de tu pieza, recordando mi voz pequeña y triste cuando te dije “ya no hay nada entre los dos”. Ahora  pasarás repitiendo de por vida, que mi nombre era María.

Debo aclararte que no pasearé por ningún lado mis senderos de infortunio, porque gracias a tu imbecilidad he conseguido un industrial metalúrgico que me llena de mimos y regalos.

Deja también de soñar que en las sombras de tu pieza es mi paso el que regresa, porque insisto, por si no lo has entendido todavía “YA NO HAY NADA ENTRE LOS DOS” y punto. Melancólico pobre. Ahora soy yo la que tiene lástima  de vos y no quisiera verte ni en sueños, en el lujo de la pieza que tengo en nuestra nueva casa del Country Las Delicias.

Hasta siempre infeliz. Que Dios te ayude. De más está aclararte, que al sombrerito pobre y al tapado marrón, ya los tiré a la mierda.

 

el dogo guardian

 Cada vez que llegaba tarde ,el jefe me obligaba a subir a un árbol, así repetía Sebastián Sumisso a un grupo de amigos una y mil veces. El jefe, un puntero político que llegó a esa jerarquía con las nuevas autoridades de la intendencia capitalina, era un gran captador de votos, por lo prepotente y matóny estaba volviendo loco al pobre Sebastián; con eso de subirse a una de las Tipas frente al palacio y gritar: “soy de la antipatria y trabajo para ellos”,cada vez que llegaba tarde al trabajo. Mientras sus compañeros del cuarto piso, presenciaban el denigrante espectáculo. El Seba, necesitaba conservar el salario para mantener a su familia de cuatro hijos, los dos más pequeños tenían menos de cinco años y uno con síndrome de Down. A pesar de ser de un signo político distinto al de las nuevas autoridades, porque venía de intendencias anteriores. Se decidió no remover al personal heredado que fuese perteneciente a otro partido. Por eso, cada vez que Sebastián venía tarde, sus compañeros se agolpaban en las ventanas que dan a la Cañada para ver si el Seba Sumisso realizaba algún acto de rebeldía frente esa situación degradante. La causa de sus llegadas tarde, era que debía dejar sus hijos en el colegio bien temprano y después volver a su casita de Alto Alberdi, para traer su Hija mayor al Manuel Belgrano ,porque en su ciclomotor no podía llevar más de una persona. Cuando comunicó tal situación a su superior, el déspota lo humilló con la subida al árbol a cada llegada tarde, buscando de que renunciara. Su compañero de escritorio en más de una oportunidad lo había incitado a revelarse contra el jefe, pero Seba Sumisso, rechazaba de plano dicha insinuación. Sus compañeros, comenzaron a odiar verdaderamente al jefe despótico y tan canalla. por lo que no tuvieron ningún problema en contarle intimidades del maldito despreciable. Así Sumisso se enteró, que el jefe tenía un perro Dogo, para cuidar su casa en Villa Walcalde y que lo soltaba por las noches para que recorriera el jardín mientras dormían en la casa. El Seba le comentó, entrando en confianza: “ para que servía un perro, si no se estaba entrenado para atacar, cuando su dueño así lo indicara. Sebastián, antes de entrar en la Municipalidad, había sido entrenador de perros de ataque para la policía de Córdoba . Con esos antecedentes, el jefe aceptó que Sebastián Sumisso se llevara el perro tres veces por semana, para entrenarlo en defensa. El curso consistía en que el animal, usando su potencia y gran cuerpo desarmara al presunto atacante. Si la persona llevaba cuchillo, saltaba a la muñeca del agresor, pero si tenía arma de fuego le saltaba a los genitales inmovilizándolo hasta ser desarmado. El abnegado Sebastián Sumisso dejó al perro tan obediente que con decirle “ho, ho ataque” el Dogo agredía y desarmaba con toda su potencia. Sus compañeros se prestaron a los requerimientos del Seba para ayudarlo en el entrenamiento, por el gran aprecio que le tenían. Sin preguntar los motivos por los que se los convocaba. El, les ponía los protectores acolchados, que antes había usado con los manto negro de la policía. Cuando el animal estuvo listo, lo devolvió a su dueño y le hizo comprobar, como diciéndole ho, ho ataca, se abalanzaba sobre la muñeca debidamente protegida y le hacía soltar el gran cuchillo que había llevado para la demostración. Una semana después Sebastián Sumisso se fue en horas de la noche a la casa del jefe, llamó por la verja al Dogo y éste lo reconoció de inmediato, lamiéndole la mano donde había puesto galletitas dulces, como las usadas en el entrenamiento. Se deslizó por sobre la tapia al jardín y comenzó a tirar piedritas contra las ventanas del dormitorio, sabiendo que su jefe, un matón de siete suelas, iba a salir armado al patio para saber que pasaba. Primero encendió un potente reflector de mil bujías y recorrió con su mirada el lugar apuntando con la pistola, fue entonces cuando Sumiso, entre las sombras se acercó al dogo con una galletita en la mano y le susurró en la oreja- ho, ho, ataca- y el animal de un salto le atrapó los genitales inmovilizando al jefe en el piso. Momento que aprovechó Sebastián para escabullirse, y se alejó del lugar. La señora llamó a la Cap.(comando se acción preventiva),quienes concurrieron lo antes posible. Luego de retirar el arma de la mano del jefe, el perro lo soltó. Después de media hora en esa situación. Al ver al policía con el arma en la mano se le fué directo a sus genitales, pero el compañero mas rápido, le descerrajó un disparo entre ceja y ceja, quedando de un lado el jefe y del otro el perro completamente inmóviles. Al día siguiente, el Seba llegó tarde como de costumbre y el jefe no estaba. A sus compañeros les extrañó, que siendo la hora que era, Sumisso no estuviera en la Tipa a los gritos. Cuando llegó Sebastián a su escritorio, se enteró que el jefe había pedido parte de enfermo por una semana,. transcurrida la cual no regresó nunca más a so oficina. Con seguridad, no soportaría las bromas de que ya no era un macho con las bolas bien puestas, como solía jactarse ante sus subordinados. El incidente en su casa, había corrido en todo el Palacio Municipal como reguero de pólvora. Hoy ,el jefe se encuentra trabajando en la sección parques y paseos cuidando los pensamientos y margaritas en los canteros frente al monumento de plaza San Martín . Cuando inauguren las fuentes previstas, con seguridad tratará de sacar el pececillo naranja con una caña como su gran amigo Anibal en el neuropsiquíatrico de Jujuy. Como nos enseña el dicho, “hasta al gaucho mas macho se le muere el pingo”.

UN CRIOLLO DE BRAZOS FUERTES

Antenor Azcurra,   un criollo de ley. Hombre de confianza de los dueños del campo donde trabajaba.  Vivía en su casita, a orillas de la ruta nueva, que va de Santa Rosa a Quines, en la provincia de San Luis; y pasaba sus días atendiendo los quehaceres,  en el casco de la estancia.

Su habilidad consistía en el trenzado de sogas, cabezales y riendas con tientos de cuero. Había desarrollado una gran fuerza en sus brazos y manos que a veces no podía controlar. Más de una vez había quebrado el cuello de una botella de sidra al querer sacar un corcho. Era también muy hábil en el uso del lazo y en las fiestas patronales de los pueblos vecinos, solía exponer en la plaza, sus artesanías de cuero y hacer demostraciones , con el lazo.

Cierto día, practicando para la fiesta del domingo siguiente, al pasar su lazo entre las piernas, haciéndolo girar y pegar pequeños saltos  dentro y fuera del mismo, éste se enredó y comenzó Antenor a tirar con fuerza, para que se soltara. Tiró tan fuerte, pero tan fuerte, que se arrastró hasta el potrero del lado quedando tendido contra el alambrado  muy cerca de la otra ruta. 

Cuando fue encontrado por un lugareño, éste exclamó, al verlo con la espalda destrozada en su arrastre  por el suelo : ¿para qué habrán arrastrado al Antenor hasta aquí, si tiene el camino nuevo frente a su casa?.

duelo criollo

DUELO CRIOLLO – una  coincidencia comercial

Cierto día, por cuestiones de polleras, Don Rosendo retó a duelo a  Antenor Linares.

El día del evento luego de varias estocadas al aire y frente a los esquives magistrales de Antenor, Don  Rosendo, se fue poniendo  tan nervioso, que comenzó a  a cometer errores en su defensa. En determinado, momento después de una certera cuchillada  de Antenor,  se soltó la rastra de la cintura de  Rosendo. 

Por  efecto de la caída de su bombacha bataraza,  que quedó arrollada en sus tobillos, dejó a la vista de los presentes, unos ridículos calzoncillos verdes floreados con pétalos amarillos y lilas, dando  un espectáculo, que contrastaba con la seriedad del lance.

¿Cómo era posible que gaucho matrero como Rosendo?, usara  unos calzoncillos  tan ridículos como los que exhibía frente  a los  concurrentes. Los que de inmediato  regresaron a sus respectivas casas, con la seguridad que Don Rosendo era medio maricón.

El Juez de Paz, que presenció el duelo criollo, se sintió tan  molesto por la opinión de los presentes, que juró al volver a  casa destruir sus calzoncillos, de los que quedaban  media docena. Ya que con Rosendo, se surtían en el mismo negocio mayorista de cortada Ituzaingo.

La espera

esperaLlegue al bar y me senté. Eran las diez menos cinco. Lo sabía porque había salido a las menos diez y eran cinco los minutos que tardaba de mi casa al bar de Fuentes. No traía reloj; me pondría más nervioso. La cita era a las diez.

Se acercó el mozo y le pedí una copa de vino; “cabernet, el más fuertecito”, le dije y me acomodé en la silla, tratando de bajar la ansiedad. Entró una mujer, ¿será ella?. No, un galán le sonrió desde la mesa del fondo.

“Lindo lugar”, me dije, o será que hace tanto que no salgo…”

“Como tarda el mozo. Creo que le pedí el vino hace más de diez minutos. Pero… si le hice el pedido hace más de diez minutos, entonces ya son las diez pasadas. La señorita se está demorando… cómo se puede ser tan impuntual”.

Esperé unos minutos más, intuyo que fueron cinco o siete y apuré al mozo. “Ya voy”, me contestó. Al cabo de otros diez o quince, me trajo la copa que recibí con cara de cliente mal atendido. Seguí esperando.

Al terminar mi trago fui al baño, regresé y me senté otra vez. Todo seguía igual. ¿Serán las once? Miré hacia afuera, un hombre entraba. “Má si, yo me voy”.

Comenzaba a levantarme cuando sentí una voz culposa en la nuca, “perdón por la demora Juan”. Bueno, hasta diez minutos se puede esperar a una dama ¿verdad?. Me sonrojé y le aparté la silla, como haría cualquier caballero.

Daniela Frontera.

OLVÍDAME SI QUIERES Cuando me acerqué vi que no era quien decía. Nos habíamos conocido por Internet y creo que las mentiras que nos habíamos transmitido eran un poco exageradas. Me contó que después de un trastorno alimenticio, había comenzado el tratamiento con un buen psiquiatra, que logró sacarla de ese péndulo anoréxico bulímico que la estaba matando. Pero hacía tiempo se encontraba bastante bien y su padre un acaudalado empresario textil puso a su disposición un personal tryner para que fortaleciera su musculatura y desarrollara el cuerpo con cierta armonía. Cuando decidimos intercambiar fotografías para conocernos mejor, ella mandó la de una escultural señorita en una mini bikini recostada sobre la roca de un acantilado a orillas del mar. Yo, para no ser menos, remití la de un atlético amigo que le había sobrado del casting de una conocida sastrería que buscaba modelos masculinos, para el desfile en beneficio de COAS. También le conté que mi padre un poderoso industrial del gremio metalúrgico, me había regalado un Audi3 turbo, cuando obtuve mi título de odontólogo. Ella, a su vez me dijo que su viejo no quiso regalarle un auto cuando se recibió de arquitecta, porque él cuando joven, tuvo un accidente que lo dejó marcado para siempre y que por eso solo usaba el Mercedes Benz 500 con chofer, para desplazarse a cualquier parte. Ese chofer, un físico culturista que su padre había puesto a su disposición, no dejaba de acompañarla a donde fuera. Con tantos engaños mutuos, nos habíamos entusiasmado tanto que en nuestras cartas por internet platicábamos todo el tiempo sobre los lugares que visitaríamos en nuestra luna de miel y los deportes a practicar en esas playas paradisíacas, cuyas fotos nos remitíamos cada semana. Cuando nuestros ratones no dieron más, decidimos encontrarnos para planificar la boda. Nos citamos en la esquina de una placita en barrio Mafekin y yo estacioné mi Citroen 2cv, en un lugar con mucha sombra. Luego apareció un remis trucho Peugeot 403 trayendo a una señorita muy distyinta a la foto enviada, que mis ciento cuarenta quilos me parecieron una nimiedad al lado de la mentira de mi adorada novia de Internet. Hoy he resuelto dejar de chatear en el ciber de la vuelta de casa y seguir concurriendo los sábados por la noche a bailar a “Las Tejas” en Colón al 1400, porque creo que me será más provechoso. Después de todo no puedo casarme hasta que me aumenten el sueldo como inspector municipal, porque eso de que “mejoramos el salario con coimas” es una burda mentira popular.

EXTRAÑA DONCELLA

Al sonar el  despertador, Bernabé Trifásico de la Lün con pereza, intentó dejar la cama. Ella estaba en medio del cuarto, pálida y desnuda. Aturdido aún, pues no había transcurrido muchas horas desde que pudo conciliar el sueño. Trató de sentarse al borde de la cama, se restregó sus aún adormecidos ojos y recordando la noche de placer que había pasado. Vio una silueta que desconocía y asombrado le preguntó,¿ quien es ud.?. -no me conoces?, aun después de tantas caricias, no sabes quien soy?.- Si tras de apretujarnos y sentir nuestros cuerpo, nuestros olores, no sabes a quien tienes a tu lado?.- Me duele que no me reconozcas contestó él,-¿Cómo puedes extrañarte que no te conozca?, soy empleada de este prostíbulo y me deber es cobrarte lo que debes. Despiérnate, para que partas a tu trajín diario lo mejor que puedas.- ¿ Qué Quién soy yo?, una prostituta más-Quiere decir entonces dijo Bernabé, que ésta no es mi casa, que ésta no es mi cama, y que ud. No es mi esposa. La mujer, que estaba desnuda en medio de la habitación, se dio media vuelta sorprendida.

La imagen que le devolvía el espejo ya no era la misma,  no se veía como una prostituta Por alguna ignota razón, sus facciones, su peinado, su maquillaje se había diluido y se veía como una ama de casa. Podría talvez a esta altura de su vida, retroceder su tiempo último y permitirse el tremendo lujo de representar. Aunque más no  sea, como en una comedia trágica, el papel de una respetable “señora de..,se dijo a si misma, “señora de nadie”.

Acompañaron su pensamiento, gruesos lagrimones que se desplazaron por su rostro, dándole un marco grotesco. Bernabé ya casi no veía, las sombras aún inundaban el cuarto.

La hermosa silueta que pudo vislumbrar, cuando quiso abrir los ojos, se diluía lentamente en la niebla oscura de la pieza, un aroma desagradable lo envolvía todo, polvo viejo, humedad, resaca, madera podrida, hasta olor a nido de roedores.

Se cerraron nuevamente sus ojos, la silueta caminaba lenta, y perdía su garbo original, era una sombra gris. Sintió fuertes golpes en su cara, una voz imperiosa le gritaba, despierta, despierta. Una fuerte luz lo ubicó  en una cama de hospital.

Cuando Bernabé logró recuperarse, un médico se le acercó, y le dijo suavemente al oído:” El accidente fue  muy   grave, y debimos extirparle los genitales completos, pero eso si, logramos salvarle las dos piernas. Bernabé tomando fuertemente el brazo del  cirujano, le reprochó “¿y ahora doctor, que me rasco en los tiempos libres, porque soy empleado municipal?.

 

ATAJO MALDITO

cruzaba con el sulky por medio ‘el campo siguiendo el atajo que me recomendó el Caraé potro, cuando estábamos en el bolice dándole a una botella de vermú, unos cubos de hielo, soda, con algo de ferné y una picada ‘e salame de la colonia. Después de dejar la trilladora, parada, solitaria, sin nadie que la cuidara.  Eran las 10 de la mañana y el vermusito es imperdible. A medida que empecé a circular por ese atajo con una expléndida vista del valle, el lago y las sierras. Comenzaron una vizcacheras a menearme el sulky de tal forma, que por el pedo que traía casi no podía mantenerme encima ‘el sulky hasta que un pozo enorme me torció el eje y no pude mantener más el equilibrio y fui a caer ‘e jeta en un regalito vacuno, tibio, espeso todavía caliente y hediondo.

Mientras me maldecía.  tiraba de mis pelos, insultaba a mi amigo por la recomendación. Juré nunca más seguir algún consejo’el Cara’e potro .

Entonces, reflexionando me dije. Tan bellos paisajes, no justifican un almuerzo de bosta é’ vaca y perder la dentadura postiza recién hecha,  en del interior del desecho animal.

Hoy los bellos paisajes los gozo trepao al tanque’el molino.

 

Para leer en forma interrogativa

 

LA HUIDA DE LA ESCULLERE SIN LLEVAR SUS ROPAS

La Murga, se desplazaba por la avenida de las rosas rodeado de pimpinelas carismáticos. los perros predadores, venidos de las sierras, ladraban desesperadamente queriendo atacar la comparsa que representaba al circo instalado en las afueras del pueblo. El administrador, iba adelante con un bastón dirigiendo los artistas.

Todo se desarrollaba con un gran clima de fiesta hasta que los perros atacaron los pimpinelas.

Al día siguiente, fue ofrecido como nueva atracción, el de los perros comiéndose un pimpinela.

Ese pueblo, no estaba para actividades artísticas.

Los espectadores, aplaudieron con entusiasmo el acto.

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