Sobre el tango María(A.Trilo y C.Castillo)
Cuando siento cómo te quejas de la imagen triste que te devuelve el espejo y recuerdas qué grande ha quedado el cuarto desde que no estoy y rememoras sobre el sombrerito pobre y el tapado marrón que fue lo único que salvé del remate cuando nos desalojaron de la pensión. Y te preguntas por “el horizonte triste de no haber nada entre los dos” y sufres en esa tarde gris recordándome, no me queda otra cosa que decirte. Debes pagar tu infidelidad con la hija de la dueña de la pensión, esa veintiañera crespa y teñida con agua oxigenada, que te deslumbró el mismo día que me habías dicho, que era el eco de una vieja canción. Sueñas con el paso que me aleja en la penumbra de tu pieza, recordando mi voz pequeña y triste cuando te dije “ya no hay nada entre los dos”. Ahora pasarás repitiendo de por vida, que mi nombre era María.
Debo aclararte que no pasearé por ningún lado mis senderos de infortunio, porque gracias a tu imbecilidad he conseguido un industrial metalúrgico que me llena de mimos y regalos.
Deja también de soñar que en las sombras de tu pieza es mi paso el que regresa, porque insisto, por si no lo has entendido todavía “YA NO HAY NADA ENTRE LOS DOS” y punto. Melancólico pobre. Ahora soy yo la que tiene lástima de vos y no quisiera verte ni en sueños, en el lujo de la pieza que tengo en nuestra nueva casa del Country Las Delicias.
Hasta siempre infeliz. Que Dios te ayude. De más está aclararte, que al sombrerito pobre y al tapado marrón, ya los tiré a la mierda.